lunes, 1 de diciembre de 2008

Devoción

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.
- Toma un poco de vino.- dijo la muerte.
La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa otra cosa que té.
- No veo que haya vino –dijo
-Es que no hay- dijo la muerte
- y por que me dijo usted que había?- dijo
-Nunca dije que hubiera sino que tomes – dijo la muerte.
- Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo- respondió la niña muy enojada.
-Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada – se disculpó la muerte.
La muñeca abrió los ojos.

Alejandra Pisarnik (1965)

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